SIRENAS, NEREIDAS, ARPÍAS.
UNA APROXIMACIÓN DIFERENCIAL A SU REPRESENTACIÓN ESCULTÓRICA. |
Nereida
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Uno de las “bestias” fantásticas que con mayor frecuencia se encuentran esculpidos en capiteles, canecillos, arquivoltas, ménsulas o metopas de los templos románicos es la que hace referencia a un tipo de seres mitológicos cuyas denominaciones a veces se confunden o entrecruzan, motivado por una parte por ciertas similitudes en su morfología, y por otra la evolución de su concepto, que sufrió también distintas influencias e interpretaciones. Nos referimos a las sirenas, las nereidas y las arpías, y el objetivo de este artículo es el de arrojar un poco de claridad sobre el origen y las características principales de cada una, sin entrar a penas en el discutido asunto de su interpretación como símbolos.
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Sirenas y Nereidas
"The Sirenes, daughter of the River Achelous and the Muse Melpomene." Pseudo-Hyginus, Fabulae 141 (mitógrafo romano, s. II d.C)
...¿de dónde que pluma y pies de aves, cuando de virgen cara lleváis?... Ovidio, Metamorphosis.
Vamos a aportar más ingredientes al pastel, con la esperanza de que luego salga más “rico”. Me refiero al término ninfa, espíritus femeninos o dioses menores del mundo natural: encargadas de cuidar de la belleza de toda la naturaleza, desde el arreglo y crecimiento de plantas o árboles, al mantenimiento de los animales, o la formación de cavernas, etc. Dentro de este grupo general, se encuentran las relacionadas con el medio acuático, y allí nos encontramos con las oceánidas –pueblan el océano-, las nereidas –habitan mares interiores-, y las náyades –viven en los ríos-.
Aunque su verdadero origen sea algo difuso, pues ya existirían en civilizaciones como la egipcia o la asirio-babilónica, nos atendremos a la mitología griega, pues de ella tomaría el cristianismo su iconografía, y adoptaremos el nombre de sirenas como referencia a la sirena-ave, hijas de Aqueloo –el dios Rio- y de una Musa (Terpsícore, Melpómene o Caliope), de la cual obtienen sus facultades para la música, el canto y el don de su elocuencia, pues eran capaces de relatar hermosas historias.
Eran inicialmente ninfas que acompañaban con sus canciones a Perséfone ( la Proserpina romana, hija de Zeus, reina del inframundo y en alguna tradición del Río Infernal); al ser ésta raptada por Hades, se convirtieron en híbridos de mujer y pájaro, como castigo de Demeter -diosa de la Tierra- al no haber impedido el rapto de su hija, aunque hay otras explicaciones como que las alas fueron un atributo concedido por Zeus (o solicitadas por ellas mismas, o la misma Demeter) para perseguir mejor al raptor.
El episodio de Ulises en la Odisea quizás sea el que más ha marcado el carácter de su canto fatalmente embriagador, llegando por ejemplo a decir San Isidoro de Sevilla que “...arrastraban al naufragio con su canto a los seducidos navegantes. Pero la verdad es que fueron unas meretrices (prostitutas) que arruinaban a quienes se acercaban, y luego se veían en la necesidad de simular el naufragio. Tienen alas y uñas porque el amor vuela y hiere...”. También las corrientes filosóficas aportaron su granito de arena: el pitagorismo las pintó como símbolos de la música engañosa y corrupta, diferenciándola así de las armonías purificadoras que creaban las musas, y el estoicismo reiteró su carácter de símbolo de la atracción sexual: el trabajo de los teólogos cristianos estaba ya muy facilitado. Por otra parte, y como veremos en las nereidas, al tratarse de seres femeninos asociados al agua, una religión solar como la cristiana se veía obligada a rechazarlos como elementos paganos y negativos, quedando así su agua bautismal preparada como elemento purificador.
Tanto en la cultura egipcia, como para el islam o las religiones de la Antigüedad clásica, se las relaciona finalmente con los muertos. En esta última se encargan de acompañar con sus cantos –ahora funerarios- a las almas hacia el Hades o a la Isla de los Bienaventurados, previa donación de la corona de la vida y la rama de loto, símbolo de inmortalidad.
La descripción que los autores griegos daban de las sirenas, rostro o torso femenino y cuerpo de ave, se mantiene en el Physiologus , Isidoro de Sevilla —Etimologías—, Rabano Mauro —De Universo—, Theobaldo —De naturis animalium—, Honorio «Augustudonensis» —Speculum Eeclesiae—, Herrade de Landsberg —Hortus Deliciaruin—, Bestiario Cambridge, Bestiario de Pierre de Beauvais, y Bartolomé el Inglés —De genuinis reum caelestiunr, terrestrium et inferarum proprietatibus-. En la representación pictórica y escultórica hay variantes con respecto a sus patas (de ave o de cuadrúpedo), su cola puede finalizar en forma de tallo vegetal o aparentar una serpiente, sus alas pueden aparecer explayadas o recogidas, y su cabeza, que de forma bastante característica suele ir decorada con cabello largo y por lo general muy peinados al estilo clásico, pudiendo llevar también tocados, telas o coronas que lo cubran. Si alguna vez por sus rasgos masculinos parecen ser“sirenos” (catedral de Salamanca), siempre aparecen afrontados o emparejados a otra sirena.
Pero entre los siglos VII y IX aparece una obra en que a nuestra sirena se le “caen” las alas y le crecen escamas y cola de pez: en el Líber monstruorum de diversiis generibus a la descripción de la nereida se le pone el nombre de “... Sirenas son doncellas marinas, que atraen a los navegantes por su hermosura y la belleza de su canto. Desde la cabeza hasta el ombligo tienen forma de mujer y tienen colas escamosas de peces, moviéndose en las profundidades...”
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Sirenas
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Sirena
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Arpías enfrentadas -Sotillo (SG)-
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Aunque también aquí el origen de la imagen pudiera estar en culturas orientales e incluso eslavas, en lo referente al arte la representación de las nereidas, solas o acompañando a los tritones (ambos constituyen el séquito de Poseidón) vendría también por vía grecorromana. La figura de Escila, de carácter y aspecto monstruoso por su cola de pez y los seis perros que surgían de su cintura, junto con su condición femenina, debió influir en la evolución iconográfica de las sirenas. Autores como Odette Touchefeu-Meyner sostienen que ya hubo representaciones de mujer-pez en los siglos II y I a.C.; según esta autora, las sirenas pintadas por Homero en las rocas, evolucionarían como otros relatos de la Odisea en su transmisión oral (rasgo propio de la épica), pasando al mar y adaptándose a este elemento.
Durante la caída del Imperio Romano de Occidente se detiene esta evolución, a excepción de los artífices bizantinos y coptos. Y se retoma en el arte merovingio y carolingio (la sirena-pez predomina en la ilustración de los manuscritos, como el Fisiólogo de Bruselas), donde se fraguaron los cambios que darían lugar a las realizaciones de los siglos XI y XII.: en el mundo medieval en general gana terreno a la sirena-ave, aunque el texto confunda muchas veces a ambas. Por ejemplo en el Bestiario de Cambridge ilustra su explicación con un ser que mezcla la cola de pez con las demás características de la sirena -cuerpo de ave y torso de mujer-: Así, los seres humanos ignorantes e incautos se ven engañados por las hermosas voces, cuando los encantan las faltas de delicadeza, los rasgos de ostentación, o los placeres, o cuando se vuelven licenciosos... Pierden todo su vigor mental, como si estuviesen sumidos en un profundo sueño, y, de pronto, el ataque arrebatador del enemigo sobre ellos.
En el arte escultórico del período románico existen dos grandes tipos de nereida: las de cola única y las de cola bífida. Esta última tiene más representaciones quizás por su mayor adaptación al marco arquitectónico y por responder mejor a los cánones de simetría. La de cola única se somete también a la ley del marco, adaptándose a la simetría, por ejemplo, al curvar su extremidad cuando ocupan marcos rectangulares (Uncastillo). Aunque por principio decidimos en el presente trabajo evitar interpretaciones, una de las más afortunadas respecto a esta nereida de doble cola parece la de Cana Garcia (Iconografía del románico burgalés), al asimilarla formal e icónicamente a la mujer exhibicionista, con sus dos piernas levantadas y mostrando su sexo, que también forma parte del repertorio habitual en canecillos y capiteles. Así, el que las imágenes de sirenas y nereidas fuesen aceptadas en el interior de los templos fue quizás un eufemismo visual lógico y muy útil para significar lo mismo. Según Cirlot "la doble cola de pez es una réplica infernal de la actitud clásica de adoración, con los brazos en alto, que muestran por ejemplo las figurillas de las sacerdotisas cretenses".
Mientras que las sirenas apenas aparecen portando objetos en sus representaciones escultóricas (si lo hacían las pinturas y mosaicos grecorromanos, generalmente instrumentos musicales), las nereidas llevan a veces en sus manos un peine (La Oliva o Ripoll), un peine y un espejo (Navaridas), o peces (Sangüesa, Bureva). En ocasiones se las muestra tirándose del pelo (Pineda de la Sierra, San Claudio de Olivares), en una actitud que nuevamente suscita controversias interpretativas, desde la simple “coquetería”, hasta la propuesta por Beigbeder: “la desesperación o la cólera es inseparable del vicio, confundiendo dos temas de la Psicomaquia de Prudencio, lujuria y desesperación”
Como ocurría con las sirenas, y ocurrirá con las arpías, existen ejemplares masculinos que, si adoptamos la terminología propuesta para las nereidas, deberíamos llamar tritones en vez de “sirenos” o “sirenos-pez”. A Tritón , dios-mensajero de las profundidades marinas, e hijo de los dioses marinos Poseidón y Anfítrite, se le suele representar de cintura para arriba como un humano y la cola de un pez. Con el tiempo su imagen y nombre se asoció con unas criaturas parecidas a sirenos, los tritones, que podían ser masculinos o femeninos, y que suelen formar el cortejo de divinidades marinas. Esta idea podría derivarse de los dioses-peces fenicios. Tenemos al dios de los filisteos Dagón (cuyo nombre deriva de "dag", pez), cuya simbología quería representar la fertilidad y los poderes vitales de la naturaleza y la reproducción. Los babilonios tenían un mito sobre un ser que emergió del Mar Eritreo, que era parte hombre y parte pez, al que adoptaron también como deidad: Ea.
De pasada mencionar que existen algunos otros tipos con características comunes a los dos anteriores (mujeres-ave-pez , sirena-caballo, etc), que por no ser suficientemente representativos e incidir en la aparente confusión reinante en la época sobre dicho concepto, no recogemos aquí. También reseñar que su interesante relación con otra criatura mitológica, el centauro-sagitario, será motivo de un futuro artículo en esta colección; lo que si parece relevante en este aspecto es apuntar que dichos hombres-caballo apuntan con sus armas por igual a sirenas y nereidas en los retratos pétreos en que se exhiben, aportando otro dato a favor de la tesis de una confusión o convivencia de ambas “sirenas” mitológicas en las mentes del emisor medieval, fuese ideólogo o artista.
Un apunte final en cuanto a la etimología. “Sirena” proviene del término latino siren (que mantiene el idioma inglés, por cierto, en donde se diferencia de mermaid, posible derivación de su equivalente latino nereid), que a su vez deriva del griego seirên, cuyo significado no puede ser más apropiado y bello: “seira, lazo, cuerda”, instrumento que también de forma figurada encontraremos en muchas esculturas de nuestros queridos templos: monos y personajes ensogados, lianas o tallos vegetales envolventes, colas de animales... Y es que la pérdida (o ganancia, según se mire) de libertad espiritual que ocasionaba la comisión de ciertos pecados, debió de ser motivo de preocupación en la ideología religiosa del medioevo, si es que alguna vez dejó de serlo.
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Nereida doble cola
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Nereida
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Nereida tirándose de los cabellos
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..... 2. Arpías
" ...como un torbellino o un relámpago las Harpías cayeron de las nubes tan velozmente que sobrepasaron a los ciclones del Oeste..." Apolonio de Rodas.
¿Por qué la tan frecuente confusión de arpías y sirenas-ave? Su nombre, de origen griego, significa “rapaces”, y todo puede venir de las mismas descripciones dadas por los autores clásicos, como la de Hesíodo en su Teogonía -hembras voladoras, veloces y de hermosos cabellos-. Si para los griegos todavía su principal ocupación era robar constantemente la comida de Fineo antes de que éste pudiera comerla, siguiendo instrucciones de Zeus, que quiso castigarle por “chivarse” de los secretos que guardaban los dioses del Olimpo. Ya con Virgilio la cosa se pone “fea”: No hay monstruo más aciago que ellas ni peste alguna más cruel o castigo de los dioses nació de las aguas estigias. Rostros de doncella en cuerpos de ave, nauseabundo el excremento de su vientre, manos que se hacen garras y rasgos siempre pálidos de hambre-. Por lo demás, también serían conductoras de almas y raptoras de hombres. Después a su apariencia monstruosa se le unió el ser vistas como difusoras de suciedad y enfermedad, añadiendo a su tradición de agentes del castigo, el ser despiadadas, crueles y violentas. Esta es la versión que más se emplearía en la Edad Media.
Aparte de su apariencia física, repulsiva y feroz en unas, y bellamente seductora en otras, una de las posibles causas de confusión entre arpías y sirenas vendría de que las más citadas entre las primeras eran tres (Aelo= borrasca, Celeno= oscura, en alusión a las nubes de tormenta, y Ocípete= que vuela rápido), al igual que las sirenas, tres hermanas llamadas Lidia -tocaba la flauta-, Parténope –lira-, y Leucosia -leía y cantaba versos-.
El aspecto de estos seres se diferencia mucho más en la Edad Media, pues en el Bestiario de Pierre de Beauvais, por ejemplo, se describe a la arpía como un ser parecido a un caballo y a un hombre, con cuerpo de león, alas de serpiente y cola de caballo. En los capiteles de muchas portadas y pórticos, y desde también numerosos canecillos suelen encontrarse emparejadas en actitud vigilante, y a veces con mirada desafiante o arrogante; el gorro frigio (alusivo a las bajas pasiones) tapa en ocasiones su cabeza; patas por lo común de cabra, y alguna vez con lenguas bífidas (Silos).
Lo más desconcertante en el tema de las arpías es que incluso en publicaciones modernas dedicadas al tema, parece perpetuarse la confusión. Lo que se manifiesta a continuación son opiniones personales que no pretenden sentar cátedra, ni mucho menos, sino tan solo establecer unos parámetros distintivos para llamar a cada cosa por su nombre. Partiendo de que se trata de un ser fantástico que tiene amplia representación en el arte románico, pero ninguna en la literatura de los bestiarios, nos encontramos con que sus referencias quedan en las citadas obras clásicas y algún texto posterior como el Liber monstruorum, en donde se las sigue pintando como bestias hambrientas y crueles. Si creemos que los artífices escultores conocían bien la diferencia entre éstas y las sirenas, tendremos que acotar su denominación a aquellas esculturas en que aparezcan seres con unas características que las definan:
-o bien como seres de apariencia más desagradable (versus proporciones y rasgos más armónicos en las sirenas),
-o bien de actitud más beligerante o desafiante (versus actitud más pasiva o indiferente en las sirenas),
-o bien adornadas con atributos que connoten a los “bajos instintos” (gorro frigio, lenguas bífidas, colas de serpiente o escorpión en posición amenazadora... versus coronas, tocados, largas melenas peinadas, espejos, peines... y si presentan cola de serpiente, esta en forma de “cuerda” o lazo...), es decir, una posición activa o amenazante en las arpías frente a la pasividad que como mucho se relacionaría con la voluptuosidad y la coquetería, que no lujuria, y con el peligro de las falsas apariencias, que no con las apariencias terribles pero nada engañosas de las Harpyias, en griego “que vuela y saquea”.
El claustro del Monasterio de Silos ofrece en dos de sus capiteles la que en mi opinión sería una perfecta diferenciación entre unos seres y otros; pero lo mismo ocurre en otros muchos templos románicos, corroborando la opinión de que la confusión no estaba en manos del ideólogo o artista, sino más bien en los observadores desatentos o desinformados que una y otra vez han juzgado las obras de arte de dicho período como un simple instrumento doctrinal que habla siempre del mismo tipo de pecado cuando plasma a seres mitológicos con alguna connotación femenina, tan solo por tener origen pagano y por no entender correctamente el sentido de dicha creación. Quizás por ser cierto aquello de que “Cuanto mayor es la ignorancia, mayor es el dogmatismo” (William Osler). © Raimundo Escámez
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Arpías en Silos
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Sirenas en Silos
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Arpías
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© Raimundo Escámez
Cirlot, J. Eduardo. Diccionario de símbolos. Labor, 1991.
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